Con esta entrada empieza una serie en la que quiero contarte qué he aprendido como cirujano plástico y qué he cambiado en cada una de las cirugías que hago. Antes de entrar en técnicas, quiero compartir las ideas que guían todo lo demás.
Antes que cirujano, médico
Una cirugía estética es, ante todo, una cirugía. Mi primera responsabilidad no es el resultado, sino tu salud. Todo lo demás se construye sobre eso.
Las modas pasan; el resultado se queda
Los gustos y las tendencias en cirugía plástica cambian constantemente. Lo que hoy está de moda, en pocos años puede verse fuera de lugar. Por eso no trabajo pensando en la tendencia del momento, sino en un resultado estable y seguro a largo plazo.
Un buen resultado se mide con los años
¿De qué sirve un resultado espectacular si en un par de años se pierde y hace falta otra cirugía? Para mí, un resultado no se evalúa en la primera revisión, sino con el paso del tiempo.
Lo mismo pasa con combinar muchos procedimientos en una sola cirugía. Puede parecer que se ahorra una anestesia, pero mientras más se prolonga una cirugía, más le cuesta al cuerpo recuperarse, y la evidencia muestra que el riesgo de complicaciones aumenta con cada hora en quirófano. Por eso, cuando un plan se vuelve demasiado largo, prefiero dividirlo en dos tiempos.
Aprender de lo que no salió bien
Se aprende más de los errores que de los aciertos. En mi caso, cuento como un error cualquier resultado que a largo plazo no me deja satisfecho, y cualquier paciente que necesite volver a operarse durante el primer año, sea por el motivo que sea.
No es posible controlar todos los factores. Pero sí puedo buscar el equilibrio entre lo que tú deseas y lo que puedo controlar en el quirófano, para darte un resultado estable que no te obligue a volver a cirugía en poco tiempo.
Por eso llevo la cuenta de cada reoperación. No para presumir un número, sino porque cada una me enseña algo, y lo que aprendo de ellas es lo que vas a encontrar en las siguientes entradas de esta serie.

